Ligonde (Eirexe) – Melide. 21,830 km.

Iglesia de San Pedro. Melide.

Campanario de la Iglesia de San Pedro. Melide.

Domingo 4 de mayo.
Nos levantamos a las 07:00 y salimos a las 08:00 del hotel. El dueño de la Cantina do Marco nos espera puntualmente y nos lleva hasta Eireche en 10 minutos de coche. Desayunamos en el mismo bar de la tarde anterior. El chico que atiende el bar está aún limpiando las mesas de la noche anterior.
Seguimos Camino. Al pasar por la iglesia de San Tirso, en Palas de Rei, se oye música. Hemos entrado a sellar la credencial y vemos un cura que ha puesto la música (Luz Casal, Siboney), sella la credencial y pide la voluntad y que se anote el nombre y el lugar de procedencia. Comenta que ha observado que cuando va una pareja, si escribe el hombre primero, pone los datos de los dos y si escribe primero la mujer, pone solo sus datos. En todo caso, nos ha parecido que es una alegre manera (la música) de procurar un servicio al peregrino y al mismo tiempo recoger un poco de dinero.
A la salida de Palas de Rei encontramos unos peregrinos, dos hombres y una mujer, que van con dos perros. Nos interesamos por como lo hacen para alojarse con los perros. Dicen que hay webs que indican los alojamientos en los que admiten perros en la propia habitación y que se adaptan a ellos. Cerca ya de Melide pasamos por un polígono industrial, para llegar después a Furelos y pasar el río del mismo nombre por un bonito puente (romano, medieval?). Entramos en Melide siguiendo una calle paralela a la carretera de entrada y enseguida vemos una indicación del hotel Carlos 96.
En la recepción del hotel nos indican donde están los puntos de interés, iglesias, el cruceiro más antiguo de Galicia y dos o tres pulperías de renombre.
Salimos a comer a la pulpería A Garnacha, llena de gente, del pueblo y de peregrinos, pero en la que encontramos sitio. El sistema de mesas largas en las que se va sentando la gente aunque no se conozcan, facilita el acomodo. Hay una camarera que va corriendo entre las mesas, tomando las comandas y sirviendo, todo a la vez. Parece tenerlo todo bajo control, pero desconcierta un poco. La  comida es buena y el precio ajustado. Volvemos al hotel.
Damos una vuelta a ver las iglesias y el cruceiro y a comprar unos melindres, especialidad del pueblo. Cenamos en el hotel, junto a otros muchos peregrinos. Sirven raciones muy abundantes. Un oriental (coreano, tal vez) no se atreve a servirse la sopa de la cazuela que le deja en la mesa y no come nada hasta que llega la camarera y le llena el plato.

Nuestras referencias
Pulpería A Garnacha, Rúa Vieja de Santiago, 15800, Melide.
Hotel Carlos 96, Avda. Lugo, 119, Melide.

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